Me gustaría destacar la forma tan bonita y con tanto cariño que han tenido a la hora de relatar las competiciones que se hicieron el domingo en Novo Mesoiro los chicos de “El Ideal Gallego”…Os pongo la narración literal de la noticia:

Infraestructura de bebé, juegos para mayores                                                           REPORTAJE DE D.R.

Novo Mesoiro celebró ayer otra jornada de fiestas y el acto central fue la carrera de carritos de bebé y el lanzamiento de chupetes, que premiaron a adultos con alma neonata.

Si los pequeños de la casa se dieran cuenta realmente de lo que sus padres, tíos o padrinos hacen con toda su parafernalia, seguramente no llorarían más como hasta ahora. Lo harían con más fuerza.

La infraestructura del bebé es amplia, diversa. Pero sobre todas las cosas, es cara. Muy cara. No obstante, eso no quita -o al menos no debería-, para que se puedan permitir ciertas licencias. Una diversión a costa de los peques, pero sin ellos. Sólo con sus bártulos.

El barrio de Novo Mesoiro celebró otra jornada de fiestas y el acto central y más divertido reunió a participantes y curiosos, familiares y amigos, en torno a un objetivo: comprobar quién era más niño de todos los que allí ya sobrepasaban el metro de estatura.

La primera de las competiciones, por denominarlas de alguna manera, se disputó con carritos de bebé. Se trataba de ser el más rápido manejando uno de estos artilugios rodados. Eso sí, muy importante y bien reflejado en las normas del torneo, estaba prohibido utilizar al niño o bebé como pasajero del vehículo. Sentidiño.

La lluvia, que empañó la tarde coruñesa, no restó entusiasmo a esta celebración. Los padres -más o menos jóvenes- y participantes en general se animaron a pesar de las inclemencias del tiempo y se lanzaron a la carrera. Nunca mejor dicho.

El final de la misma fue accidentado. La buena noticia es la mencionada ausencia de los benjamines, sumada a la de que el ganador de la prueba fue el propio participante que se fue por los suelos. Buena para él, claro.

Ganó por aclamación popular, porque el final no estuvo nada claro. Los tres que llegaron a la meta al mismo tiempo tuvieron opciones de ser los vencedores de la carrera hasta que el público dictó sentencia. Aquel que recibiera una mayor ovación sería el que se llevase el gato al agua. Mejor dicho, un gran babero simbólico que se otorgaba como premio.

La siguiente competición que tuvo lugar con los niños, pero sin ellos como protagonistas, fue el lanzamiento de chupete. Era fácil. Bastaba con colocárselo como haría cualquier bebé y escupirlo -también con su mismo estilo- a la mayor longitud posible.

El récord y la victoria se estableció en ocho metros, quedando en segundo lugar un lanzamiento de siete metros y medio. El tercero ni siquiera se les acercó. Como premio, otro simbólico chupete, muy grande, para el primero.

Emplazando al personal a que participe el próximo año, cuando tenga lugar una nueva edición de este simpático torneo, se despidieron ambas competiciones, que se cerraron con el buen ambiente reinante durante toda la jornada. Las bromas se sucedieron y se acabó cantando y botando -que no votando, que alguno, además, lo haría en otro momento en los colegios electorales-. Y los bebés, ajenos al cachondeo, tan felices. Como si nada hubiera ocurrido con su ajuar.

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